La Selección de Bolivia cumplió la mitad del trabajo en Monterrey, donde este jueves venció a Surinam por 2-1 en el estadio “Gigante de Acero”. El triunfo, trabajado con esfuerzo y sufrimiento, dejó al combinado nacional a un paso de retornar a la Copa Mundial 2026. Fue una noche marcada por el desgaste físico y mental, ya que el equipo tuvo que remontar un marcador adverso y resistir la presión de un rival que, pese a sus limitaciones, complicó más de lo esperado.
El encuentro comenzó con un ritmo intenso. Surinam, consciente de que tenía poco que perder, salió decidido a sorprender y lo consiguió al inicio del segundo tiempo. Liam Van Gelderenj abrió la cuenta a los 47 minutos, aprovechando un rebote dentro del área que la defensa boliviana no supo despejar. Ese gol encendió las alarmas y puso en evidencia las falencias defensivas de la Verde, que ya había sufrido en la primera parte con dos ocasiones claras: primero, Joel Piroe falló un disparo frente al arco a los 28 minutos, y luego Myenty Abena obligó a Guillermo Viscarra a una reacción salvadora a los 35. La fragilidad en la marcación era evidente y generaba preocupación entre los hinchas.
Sin embargo, Bolivia mostró carácter en el momento más difícil. Moisés Paniagua, un jugador joven que llegaba con pocos minutos y perfil bajo, se convirtió en héroe inesperado al empatar el partido a los 71 minutos con una definición precisa entre los centrales. Ese gol revitalizó al equipo y cambió el ánimo en la cancha. Apenas siete minutos después, un polémico penal sobre Juan Godoy fue sancionado por el árbitro. Miguel Terceros asumió la responsabilidad y, con serenidad, transformó la pena máxima en el 2-1 que desató la euforia de los bolivianos presentes en Monterrey.
Los últimos minutos fueron de sufrimiento. Surinam, lejos de rendirse, presionó con velocidad y generó dos llegadas peligrosas que volvieron a poner a prueba a Viscarra y a la defensa nacional. El arquero respondió con seguridad, evitando que el empate arruinara la remontada. El pitazo final fue un alivio y una celebración contenida: Bolivia había cumplido, pero la tarea aún no estaba terminada.
El triunfo reflejó tanto las virtudes como las debilidades del equipo. Por un lado, la capacidad de reacción, el talento individual de figuras como Terceros y la seguridad de Viscarra fueron determinantes. Por otro, las falencias defensivas y la falta de coordinación en la última línea siguen siendo un problema que debe corregirse si se quiere competir en un Mundial. La tensión se trasladó también a la hinchada, que vivió el partido con nerviosismo, consciente de lo que estaba en juego.
Ahora, el desafío inmediato es Irak, rival que espera el 31 de marzo en el mismo escenario de Monterrey. Ese encuentro será decisivo: el ganador de la llave se clasificará al grupo de Francia, Noruega y Senegal en la Copa Mundial 2026. La expectativa es enorme, pues Bolivia no participa en un Mundial desde 1994 y la posibilidad de regresar al máximo torneo del fútbol genera ilusión en todo el país. El camino no ha sido fácil, pero la victoria sobre Surinam mantiene viva la esperanza y coloca a la Verde a un paso de hacer historia nuevamente.















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